miércoles, 3 de febrero de 2016

:::Taller de Ensayo Fotográfico:::2016

[..] Una persona puede experimentar las cosas por lo que son y puede profundizar lo suficiente en lo que está detrás de toda forma. Cuando lo encuentra, desde luego, encuentra a su creador. 
Puede llamarlo sagrado, puede llamarlo experiencia, lo que sea. La experiencia última de algo es la comprensión de lo que hay detrás de ello [..]
Minor White.


sábado, 12 de diciembre de 2015






[...]He hablado de la inutilidad del arte, pero no he dicho la verdad sobre el consuelo que procura.
El solaz que me da este trabajo de la cabeza y el corazón, reside en que solo aquí, en el silencio del escritor o del pintor, 
puede recrearse la realidad, ordenarse nuevamente, mostrar su sentido profundo. Nuestros actos cotidianos son en realidad 
la arpillera que oculta la tela laminada de oro, el significado del diseño. Por medio del arte logramos una feliz transacción con 
todo lo que nos hiere o nos vence en la vida cotidiana, no para escapar del destino, como trata de hacerlo el hombre ordinario 
sino para cumplirlo en todas sus posibilidades: las imaginarias. Lawrence Durrell.


[historias en la palma de la mano]
 ::verano en la ciudad :: 4 clases
::taller de edición fotográfica
::valeria bellusci

::lunes o jueves de 19 a 22 hs :: enero 2016

::donde: chacarita
 ::cuanto: $ 750

viernes, 6 de noviembre de 2015


 [ONCE LLAMAS]
 Fotografías de Valeria Bellusci.

 Texto de Florencia Walfisch.
 Revista Dulce X Negra Nro 21. Noviembre 2015.

Llegábamos por un pequeño atajo; un sendero invisible a simple vista. 
Como quien siempre supo encontrarse en un bosque. Atrás dejábamos la huella de las ruedas.Estuvimos pensando hacia qué norte nos quedaba el campo, en qué sur las ceremonias.        
El norte tuvo estrellas, cielos; la gracia quieta de un silencio con lago. El sur fue la estación sedienta, un círculo de troncos sin follaje. Y el latido secreto en el invierno.
El viento hamacaba esas flores de espuma tan etéreas y blandas, como aparecidas de una fauna marina. Acariciábamos cortezas, la lengua de los brotes, la carne hecha de tallo. Juntábamos formas casi siempre inestables, un equilibrio lento e imposible.
Ellos esperaban en la casa, detenidos. Infieles al devenir del tiempo, asomados a otra espera.
Amanecíamos en nuestro disfraz de perro, nuestra máscara de oso.
Sobre las raíces del gran árbol, hechizados, uníamos el filamento del mundo. Atentos,repetíamos las historias: el cuento del zorro, el de las moras; la gran fiesta de animales.
Cada especie tiembla sus temores. Tocamos la indefensión de lo sólido, el deslizar sin pausa. Algo salía de las cosas: un aliento derramado en el aire.      
Avanzamos veloces sobre el crujido de las hojas. No sé si supimos correr, olvidar.                           
Hacer del recuerdo nuestra propia memoria. 
Cuando llegaste a la piedra tuve miedo, no quise que supieras; por dentro era frágil y una infancia. Yo también tuve un regazo. Y un velo, una bruma habitándome. La oscuridad parecía quieta, el movimiento luminoso. Juntábamos espliegos, alhucemas. El futuro era un caballo conducido por lavandas enraizadas en las manos.
Sobre la mesa, la existencia furiosa del sonido. Los truenos anuncian la tormenta, pero el estruendo se vuelve un alarido del cielo, una compuerta. ¿Quién nos puso este espacio entre los ojos y el mundo? Salidos a la lluvia, la cabeza hacia arriba, los párpados cerrados bajo la caída del diluvio. 
Papá ¿De qué agua nacen peces con tu nombre? ¿El deseo es un pez recién batido entre la corriente y el anzuelo? ¿Sabemos quién es quién, cuál de los dos: si el deseo es el metal o la carne escamada, la boca que prendió?
Todo lo nuestro se desvanece sin dejar de existir
Tuvimos cien cunas, despiertos o dormidos. Y cada día, mamá, tu mano firme hasta la puerta,  y después, al volver para abrigarnos. 
Todavía no queremos dibujarnos en un mapa. Poner a salvo pequeños gestos del futuro.                      
El presente es abierto, donde se filtra el tiempo. El futuro no existe pero está, un minuto sembrado en el ahora. No hay línea recta, el bosque es redondo.
Allá estamos nosotros, en el centro del sueño
                 
















miércoles, 15 de julio de 2015


[C A J I T A S] María Negroni.


Siempre me gustaron los pequeños cofres, los secrétaires, con o sin doble fondo, todo aquello que pueda cerrarse con llave, es decir, que sirva para esconder algo, para almacenar la insondable reserva de la ensoñación. Su marca principal es el cerrojo, que siendo, en sí mismo, un umbral, protege un reino interior, fabricado y custodiado sin pausa.
Algo absoluto se preserva en estas maravillas de la ebanistería. Algo que siempre es más de lo que parece porque, en la noche del mueble, imaginar es más grande que vivir.

Jean Pierre Richard justificó el asombro alegando que "es imposible llegar al fondo de un cofre"  porque la dimensión íntima siempre es infinita, siempre incontenible. Yo agregaría que, en estos objetos antiguos como moradas sensibles, se puede manipular el sueño hasta hacerle destilar su relato:eso que se esfuma, siempre, en cuanto es nombrado. Toda cajita, en este sentido, es un viaje: una añoranza del origen del habla y un esfuerzo por permanecer lo más cerca posible de la escena vacía del ser.
Figurante humilde y receptivo, teatro itinerante, y archivo portátil, en suma, la cajita es también diminuta divina comedia, donde lo plural humano deja de ser-por un instante eterno, entre la vida y la muerte- un inventario de acciones para volverse penumbra, laboratorio atento a lo que no se ve. 
Importancia suplementaria de las cajas: allí se guarda el muerto (pues el ataúd es una caja). La frase figura en los Diarios de Alejandra Pizarnik.